sábado, 3 de noviembre de 2007

Rodando los acantilados


Ya eran casi las dos de la tarde, cuando empezamos a rodear los muros de piedra por los que dobla el río... ya nos acercabamos al límite de tiempo que yo tenía previsto para comer. No me importaba llegar al embalse, quería encontrar un sitio para comer y , sobre todo, que los chicos reservaran fuerzas para la vuelta...
Como verás , el camino es precioso, además estos iban como motos, muy contentos y no querían parar...
Yo también estaba muy animado, todo estaba saliendo de maravillas y habíamos hecho un buen tiempo, sin agobiarnos..
Eso sí, ya apretaba el hambre...

1 comentario:

Yoli dijo...

BUEN PROVECHO menos mal que llevaron almuerzo para reponer fuerzas que lindo lugar para sentarse a comer me imagino que estarias cansado el camino es muy parecido a los que hay camino a Bariloche ¡que bonito sigo